La Vida bajo el hielo
Bajo el hielo la vida es como una cueva. Las truchas son las únicas compañeras en un espacio frío y sobrecogedor en el que apenas crece la vegetación. Un pequeño agujero hecho con una sierra es el único vínculo con el espacio exterior, una ventana tan insignificante que muchos no pueden vencer una angustiosa claustrofobia cuando se introducen por él. Víctor Orúe, instructor de buceo en altitud bajo hielo, asegura que "no tienes esa sensación si no la tienes por naturaleza. Hay quienes han desistido de intentarlo pero generalmente no ocurre".
No obstante, hay algunas leyes no escritas que definen con claridad la actividad. "El buceo son leyes físicas y cabeza, todo depende de controlar la cabeza y no perder la calma" afirma Víctor.
Bajo esta máxima practican una actividad apasionante que consideran "inigualable". El lago del Balneario de Panticosa es el único escenario en el que se ha practicado hasta el momento el buceo bajo hielo en nuestro país. Desde que el Osca-Sub comenzó en 1990 han realizado quince inmersiones y actualmente están diseñando junto con la Federación Aragonesa de Actividades Subacuáticas la creación de una Escuela de Buceo en Altitud Bajo el Hielo que se instalará en el propio Balneario.
"Cada año que pasa el lago está más sucio. Hace unos años casi podías ver los dos extremos pero ahora es imposible. A determinada profundidad es imposible seguir porque la visión es nula, hay muchas partículas".
"Esto es muy triste" revela Víctor Orúe. Será por eso y porque el buceo bajo hielo es ante todo una actividad de gran exigencia técnica, por lo que los miembros del Club Osca-Sub no desearían ver convertida su pasión en un mundo de masas. "No creemos que eso se produzca algún día. Se puede probar alguna vez pero es difícil que se convierta en un hábito".
Cómo hacerlo
No es lo mismo bucear en el mar que en altitud. Aunque la profundidad del lago del Balneario de Panticosa es de 14 metros, el descenso real para el organismo humano es de 15 metros por la incidencia de la altura. La Federación Aragonesa considera que son necesarias un mínimo de cuarenta inmersiones para estar en condiciones de afrontar con garantías el reto de bucear en altitud bajo hielo. En función de los componentes del grupo se forman tandas de dos alumnos con un instructor que van enganchados a un carrete guía. Este enlace es un seguro de vida, una conexión con el exterior necesaria para evitar que una hipotética desorientación convirtiese el lago helado en un cajón sin salida.
Las inmersiones suelen durar media hora y se pueden realizar con trajes de neopreno húmedos o secos. No obstante, las bajas temperaturas del agua recomiendan el uso del segundo pese a su alto coste. La única exigencia es que la primera etapa del regulador de las botellas sea estanco para evitar que se bloquee el aire por la formación de hielo en el interior. El buceo es un deporte relativamente asequible. El desembolso más fuerte procede del traje, cuyo precio varía entre las ochenta mil y las ciento cincuenta mil pesetas. Las botellas las puede proporcionar el propio club.